De pingo con mi cámara por una Gran Vía bajo la lluvia
Al final me animé y el viernes me fui a clase de inglés con mi cámara de nuevo en la cartera. Pero mi sorpresa fue al salir, cuando me encontré la calle llena de agua. Tras comprobar que sólo chispeaba un poco decidí caminar hasta la Gran Vía (además, si a mi cámara no le pasó nada bajo los aguaceros de San Petersburgo, no le iba a pasar nada por cuatro gotas), que como suponía estaba ya iluminada con las lucecitas de Navidad. Puse el parasol a mi objetivo y tomé unas cuantas fotos, de las cuales he salvado 3:
Me hubiera gustado hacer fotos también de la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, pero justo cuando me iba de la Gran Vía se apagó toda la decoración navideña. Cosas de ahorrar, supongo. Como hacía un frío de pelotas y la lluvia empezaba a arreciar decidí volver a casa. Otra vez será. Pero me quedo con la experiencia positiva: vuelvo a divertirme haciendo fotos.
Saludos.
7 comentariosMás trenes
Ayer, tras una sequía de 2 meses (prácticamente desde que volví de Rusia), decidí echar a la cartera mi cámara con mi objetivo favorito antes de irme a clase de inglés. Tenía intención de hacer más fotos, pero al final me liaron y solo pude hacer unas cuantas en Principe Pío mientras esperaba al tren. Estas son las que más me gustaron:
He hecho un montaje con unas cuantas fotos que hice en el andén del metro, y aunque el concepto me gusta y era lo que buscaba, la forma de presentarlo no me termina de convencer: ni colocando las imágenes en mosaico ni fundiéndolas unas con otras. ¿Qué os parece? ¿Alguna idea?
Y como acompañamiento musical nada mejor que la bella canción “Trains” del grupazo Porcupine Tree:
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A ver si mañana puedo hacer más a la salida de clase, que tengo ganas de hacer fotos de Madrid de noche. ¡Saludos!
9 comentariosMetros del mundo
Una de las cosas más interesantes que podemos hacer a la hora de planificar un viaje es investigar el transporte público de los lugares que vayamos a visitar, pues esto nos ahorrará tiempo y posibles problemas que puedan surgir allí (más si tenemos en cuenta que el idioma puede ser una traba). Además, los transportes públicos son una manera excelente de tomar el pulso a una ciudad y de conocer un poco mejor a sus habitantes, introduciéndonos en sus rutinas diarias. Yo no soy un gran fan de los autobuses, pero los trenes me encantan. Por eso cuando viajo siempre me gusta comprobar los sistemas de transportes de las ciudades que visito e, inevitablemente, compararlos con aquellos de mi propia ciudad. El metro es, sin duda mi preferido. Su rapidez y comodidad hace que sea la elección principal de muchísima gente en las grandes ciudades, y tiene la ventaja de que no está expuesto a los caprichos del tráfico. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de conocer las redes de metro de algunas ciudades del mundo, y si bien todas se parecen bastante hay detalles que las diferencian y hacen que cada una sea especial: el sonido del tren, la velocidad, los avisos de voz, los sonidos de alerta de cierre y apertura de puertas, el olor… y, por supuesto, la gente. Estas son las redes de metro que conozco:

METRO DE MADRID
- Año de inauguración: 1919
- Nº de lineas: 12 convencionales, 1 ramal y 3 de metro ligero
- Longitud: 284 Km (sólo metro)
- Nº de estaciones únicas: 231
- Nº de viajeros al dia: 1,900,000
- Anchura de vía: 1,445 mm
- Precio de un viaje: 1€
El metro de Madrid es mi transporte de toda la vida, por encima de autobuses y trenes interurbanos (cercanías). Salvo que se mueva en coche, el metro forma parte del día a día de cualquier ciudadano que estudie o trabaje en esta ciudad, pues la vastísima red de metro permite desplazarse a casi cualquier punto de la capital en menos de 1 hora. A pesar de la densidad de la red, el sistema de separación de líneas en colores y las señales visuales para el viajero siempre me han parecido muy intuitivas y fáciles de comprender, con letras grandes y legibles. En todos los trenes se avisa mediante voz de la próxima parada y los posibles transbordos. En cuanto a las estaciones, estamos en pleno proceso de homogenización, de manera que todas tendrán el mismo aspecto, lo cual unido al código de color hará mucho más sencillo que no nos perdamos. Este detalle quizás reste un poco de personalidad o belleza a las estaciones más antiguas y emblemáticas, pero creo que a la larga beneficiará a todo el mundo (y en particular a los extranjeros). Las estaciones nuevas suelen ser muy grandes y llamativas, con grandes intercambiadores de varias plantas en las más importantes. En lo que se refiere a los trenes, la mayoría de las líneas que uso y conozco utilizan maquinaria bastante moderna, aunque creo que las líneas 8 y 10 se llevan la palma. Pero todos los trenes son cómodos y tienen aire acondicionado en verano (aunque depende de la línea). Además, he visto que algunos de los vagones que van hasta el Aeropuerto de Barajas tienen huecos para que los pasajeros coloquen sus maletas, lo cual beneficia mucho a la hora de optimizar el espacio en una línea que de por sí ya va suficientemente llena. No es particularmente rápido, pero las estaciones suelen ser bastante cortas. Tampoco es que sea muy regular, pero en general no hay que esperar más de 5 minutos a que llegue un tren (salvo por la noche). El metro de Madrid presta servicio desde las 6:00 mañana hasta las 2:00 del día siguiente. Pese a no ser demasiado irregular, la gente en la capital no confía en el metro, como alguna vez me dijo mi amigo fractalside. Es muy normal ver a los pasajeros matándose a correr para no perder el tren, pues no confían en llegar a tiempo si tienen que esperar a que pase el siguiente.
Para los que no lo conozcáis, he aquí un vídeo:
El billete de un sólo viaje tiene esta pinta, y pueden obtenerse en estas máquinas modernas con pantalla táctil o en las tradicionales taquillas. Los tornos de entrada y salida más modernos son así, y si tenéis interés podéis consultar el plano de la red de metro.

METRO DE VALENCIA
- Año de inauguración: 1988
- Nº de lineas: 4 convencionales y 2 de tranvia
- Longitud: 31.8 Km (sólo metro)
- Nº de estaciones únicas: 37
- Nº de viajeros al dia: 185,600
- Anchura de vía: 1,000 mm
- Precio de un viaje: de 1.30€ a 3.50€, en función de la distancia
El metro de Valencia es muy parecido al de Madrid, aunque mucho más reciente en su construcción. Monté una vez con 10 o 12 años, y lo único que recuerdo es que era más estrecho que el de la capital. No recuerdo mucho más, pero supongo que tendrán una flota moderna y que en términos generales será comparable al de cualquier otra gran ciudad. Los vagones por lo menos se paracen mucho a los de Madrid. He aquí un vídeo:
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METRO DE ROMA
- Año de inauguración: 1955
- Nº de lineas: 2 regulares, 3 suburbanas y 8 de ferrocarril metropolitano
- Longitud: 39 Km (sólo metro)
- Nº de estaciones únicas: 49
- Nº de viajeros al dia: 750,000
- Anchura de vía: 1,435 mm
- Precio de un viaje: 1€
Mi viaje de fin de curso cuando finalicé el bachillerato fue a Italia, y monté junto a algunos de mis compañeros en el metro de Roma para acercarnos a nosedónde. Recuerdo que era muy sucio, feo y antiguo, así que sólo lo cogimos una vez. Imagino que después de todo este tiempo lo habrán modernizado como el de Madrid. Desde luego el aspecto de los vagones nuevos es muy parecido (los antiguos estaban que daba pena verlos y cubiertos de graffitis):
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METRO DE OSAKA
- Año de inauguración: 1933
- Nº de lineas: 9
- Longitud: 137.8 Km
- Nº de estaciones únicas: 104
- Nº de viajeros al dia: 2,500,000
- Anchura de vía: 1,435 mm
- Precio de un viaje: de 200 Yen (1.63€) a 350 Yen (2.84€), en función de la distancia
El metro de Osaka fue uno de mis primeros contactos con la red de transporte público japonesa, y uno de los lugares en que empecé a darme cuenta de la diferencia entre culturas. Lo primero que llama la atención es que los vagones son muy anchos, y en la separación entre las filas de asientos cabe mucha más gente. También me fijé en que las máquinas son bastante antiguas, aunque sin llegar a ser chatarras. Los japoneses, simplemente, no cambian algo si funciona bien y la gente está satisfecha con ello. No tienen vagones modernos como en Madrid, pero suplen esas carencias con una regularidad militar (los trenes tienen horarios, y los cumplen) y una mayor atención al viajero. Otra curiosidad es que en el suelo hay unas bandas amarillas de goma, que sirven para indicar el camino a los viajeros ciegos, y que en determinados puntos son un poco más anchas (una baldosa más). Esto es así para señalar el lugar exacto donde se va a encontrar la puerta del vagón, para que la gente haga cola de manera más ordenada. Y nunca falla. La última peculiaridad, por supuesto, es la gente. Los japoneses son mucho más reservados que los europeos, y es muy extraño oír conversaciones entre pasajeros. Lo normal es que cada uno vaya pendiente de sus asuntos, ya sea leyendo un cómic, viendo la tele o navegando por internet en el móvil, mandando e-mails, jugando a algún videojuego u oyendo música. Hablar por teléfono en el transporte público se considera de mala educación, y casi nadie lo hace para no molestar a los demás (y si alguien se ve obligado a ello lo hace en voz baja). Opera de 5:00 a 24:00 y la gente no se despeina si pierde un tren, y no es raro que muchos esperen al siguiente si va demasiado lleno (salvo en hora punta). A pesar de tener muchas cosas traducidas al inglés, en general la red de transporte público japonesa es complicada para un extranjero, y los carteles no son tan claros ni precisos como los de Madrid y a veces es difícil comprobar dónde nos encontramos, en qué dirección vamos o a qué hora se supone que pasa nuestro tren. Recuerdo que dentro de los vagones casi toda la información está en japonés, así que es recomendable contar el número de estaciones por las que tenemos que pasar o estar muy atentos a las ventanillas para leer los carteles que hay en cada estación para no equivocarnos. La densidad y complejidad de su red tampoco ayuda. He aquí un vídeo:
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METRO DE KYOTO
- Año de inauguración: 1981
- Nº de líneas: 2
- Longitud: 31.3 Km
- Nº de estaciones únicas: 31
- Nº de viajeros al dia: 300,000
- Anchura de vía: 1,435 mm
- Precio de un viaje: de 210 Yen (1.71€) a 340 Yen (2.78€), en función de la distancia
El metro de Kyoto es, esencialmente, igual que el metro de Osaka, aunque quizás manejado por otra compañía de transportes. Los vagones son muy parecidos y el sistema y los precios son casi los mismos. De todas formas el metro de Kyoto es bastante más reciente y pequeño, y recorre una menor distancia. Lo cogí en una ocasión para acercarme a un templo y después para volver. En este vídeo se puede comprobar un curioso sistema para acceder a los vagones, de manera que no quede ningún hueco libre para caer a la vía (o para suicidarse, como dicen las malas lenguas):
Otra de las peculiaridades del transporte público japonés es la existencia de vagones habilitados únicamente para mujeres durante las horas puntas del día, para evitar acosos, abusos o manoseos indeseados por parte de los hombres japoneses. Imagino que no lo habrán hecho por precaución, pues por desgracia en Japón la mujer cumple un papel secundario en la sociedad, así que el nivel de denuncias ha debido ser considerable para que tomaran una decisión como esa. Lo cual por otra parte dice mucho del estado de salidura mental de muchos hombres japoneses, y es que tanta represión sexual tiene que explotar por alguna parte. Otra curiosidad son las máquinas de ajuste de tarifas, localizadas a la salida de todas las estaciones, y que sirven para pagar la diferencia de precio en caso de que nuestro billete no cubriera la zona en que nos queremos bajar. Por ejemplo, si hemos pagado 150 Yenes por entrar en la estación X y nos bajamos en la estación Y, pero el precio por ir de X a Y es de 200 Yenes, la máquina de salida nos avisará de que hay un error en nustro billete y no nos dejará salir. Para arreglarlo debemos introducir nuestro ticket en una de estas máquinas, que nos informará de la diferencia a abonar y nos dará un resguardo para salir de la estación tras pagarla. Un sistema curioso que muchísima gente utiliza, principalmente porque la mayoría compra tarjetas de viaje de 2,000 o 5,000 Yenes, y esos ajustes suelen ser necesarios cuando se quedan sin saldo.
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METRO DE TOKYO
- Año de inauguración: 1927
- Nº de lineas: 13
- Longitud: 304.5 Km
- Nº de estaciones únicas: 205
- Nº de viajeros al dia: 8,500,000
- Anchura de vía: 1,067 mm y 1,435 mm
- Precio de un viaje: de 160 yen (1.3€) a 300 yen (2.45€), en función de la distancia
El metro de Tokyo es esa locura de gente apelotonada que hemos visto siempre en la tele, entre estupefactos y divertidos. Yo tuve la suerte de montar cuando no era hora punta, y aunque iba lleno no llegaba al punto de resultar incómodo. Además, como los japoneses van a su bola hay muy poco ruido y se puede echar una cabezadita :D Al igual que en Kyoto tienen unas murallitas para evitar que la gente caiga a la vía, aunque no estoy seguro de que esté en todas las estaciones. Es muy regular, amplio, cómodo si no lo pillas en hora punta y… ¡hablan en inglés! Algo que se agradece mucho cuando viajas, la verdad. Por lo demás todo muy parecido a Osaka y Kyoto, con unos alegres soniditos para la apertura y cierre de puertas y, en general, una sensación agradable y simpaticona, aunque de seriedad y eficiencia a la vez. He aquí un vídeo de un trayecto en horas normales:
Y, por supuesto, la locura de la hora punta. Al contrario de lo que cree mucha gente, los “empujadores” no están para empujar, sino para garantizar la seguridad de todas las personas que viajan a bordo del tren. Si hay más pasajeros de los que caben y alguno no quiere perder el tren y se niega a esperar al siguiente, esta gente se ve obligada a empujarles para que el tren pueda arrancar. Esto va en detrimento de todos los demás viajeros, pero en su cultura se considera un deshonor que una persona le diga a otra que está haciendo algo mal, u oponerse o negarse abiertamente a algo. Así que los pobres empujadores no tienen otro remedio que estrujar al personal hasta comprobar que todas las puertas cierran correctamente, y el conductor sólo puede arrancar tras recibir una señal de OK. Podemos verlo perfectamente en el siguiente vídeo:
Billete
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METRO DE SAN PETERSBURGO
- Año de inauguración: 1955
- Nº de lineas: 4
- Longitud: 105.5 Km
- Nº de estaciones únicas: 53
- Nº de viajeros al dia: 2,300,000
- Anchura de vía: 1,520 mm
- Precio de un viaje: 17 Rublos (0,50€)
De manera parecida al famoso metro de Moscú, algunas estaciones del metro de San Petersburgo son auténticos museos por los que pasan trenes. Éstos son muy similares a los moscovitas, y las cosas que más me llamaron la atención fueron que el metro une varias islas (construir túneles bajo el mar no debe ser coser y cantar, precisamente) y que no hay billetes, sino unas monedas de metal parecidas a las de los coches de choque. El viaje sencillo es muy barato, y todo tiene un curioso y entrañable aspecto de algo antiguo pero fiable, como de tecnología de nuestros abuelos, que aunque a veces haga cosas raras (como luces que parpadean y sonidos extraños) sabes que lleva 50 años funcionando y que probablemente aguante otros 50 más. Y es que los rusos saben un par de cosas sobre fabricar máquinas fiables y duraderas :D
Billete (moneda)
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METRO DE MOSCÚ
- Año de inauguración: 1935
- Nº de lineas: 13
- Longitud: 292.9 Km
- Nº de estaciones únicas: 141
- Nº de viajeros al dia: 7,000,000
- Anchura de vía: 1,520 mm
- Precio de un viaje: 19 rublos (0,54€)
Los moscovitas son famosos en Rusia por ir siempre con prisa a todas partes, y esto se hace patente en sus estaciones de metro, donde todo el mundo camina deprisa y nadie cede un centímetro. El caudal de gente que mueve el metro es impresionante, y los embotellamientos que se producen en las interminables escaleras mecánicas pueden llegar a ser apoteósicos en hora punta (y no todas las estaciones tienen escaleras normales). El metro de Moscú es el único transporte que conozco en el que se practica la reventa de billetes, pues las máquinas de venta o las taquillas suelen estar saturadas y mucha gente no tiene tiempo para esperar, algo de lo que los reventas se aprovechan. Este hecho insólito puede daros una idea del alto grado de corrupción que existe en ese país. Por lo demás es un metro grande, no particularmente cómodo (se mueve mucho), y bastante viejo y sucio. Una cosa que me llamó la atención fue la velocidad, mayor de lo normal (sobre los 90 Km/h), lo que provoca un ruido ensordecedor que hace prácticamente imposible escuchar música o mantener una conversación. La gente suele ir a su bola y sin meterse con nadie, aunque a veces uno se encuentra con algún borracho o los restos de uno (en forma de latas de cerveza rodando por el suelo). La gente se fía totalmente del metro, pues dada su regularidad (cada 2 o 3 minutos) a casi nadie le importa perder un tren o esperar al siguiente si va excesivamente lleno. Los vagones son anchísimos, y la separación entre asientos me recordó a Japón:
El principal problema del metro de Moscú es la falta de letreros o indicaciones claras para los viajeros, lo cual hace sencillísimo realizar mal un transbordo, saltarse una estación o sencillamente no tener ni puñetera idea de dónde nos encontramos. Para que os hagáis una idea, el nombre de la estación no suele encontrarse en el vestíbulo de la misma, sino en la pared del andén, de manera que si estás dentro del vagón y no entiendes ruso no hay muchas maneras de saber en qué estación te encuentras salvo que el nombre de la estación haya caído justo detrás de tu ventana o lleves la cuenta de las estaciones que te quedaban para bajarte. De igual manera, si estás en el vestíbulo y no sabes en qué estación te has bajado tienes que esperar a que el tren abandone el anden para poder leer el nombre de la estación (en cirílico, por supuesto). Si a esto unimos que la decoración de cada estación es distinta el resultado es un galimatías difícil de entender para un turista extranjero no acostumbrado, aunque no parece que eso importe demasiado a los rusos ;) Por supuesto, lo mejor del metro de Moscú es la belleza de sus estaciones, algunas verdaderamente impresionantes y repletas de pinturas, esculturas y otras obras de arte:
Billete
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Tornos de entrada y salida
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Estas son, por ahora, las redes de metro que he utilizado. Cuando visite otras ciudades y monte en otros metros lo pondré aquí :D Si conocéis algún otro y queréis comentar alguna curiosidad o anécdota estaré encantado de oírla, así como vuestras sugerencias o críticas. Espero que os haya gustado.
¡Un saludo!
15 comentariosDiscazos de la hostia: Lateralus (2001)

Llega un momento en la vida de algunas personas en que, por unas circunstancias u otras, dejamos de oír música y empezamos a escucharla. Empezamos a entenderla. Empezamos a sentirla. Es un día glorioso aquel en que cae esa barrera mental -supongo que generada por la educación, la vergüenza, los prejuicios y el ritmo de vida moderno (incompatible con cualquier actividad que implique la meditación)- y nos sorprendemos a nosotros mismos perdiendo horas de sueño por escuchar música, bailando o cantando en nuestras casas o en público, dejándonos llevar mientras entramos en un estado como de trance y sentimos cómo la energía de cada nota y cada acorde nos llena, acaricia nuestras almas y nos hace sentir un poquito más vivos, llegando a veces a un estado de euforia equivalente al obtenido consumiendo algunas drogas.
Siempre es un gran día aquel en que descubrimos a un nuevo artista que nos hace sentir así. Es maravilloso poder conectar a ese nivel con gente a la que no conoces y probablemente nunca conocerás, o que lleva muerta cientos de años. Lo mejor de todo es que la música no entiende de religiones, razas, edades, ideologías políticas ni todas esas tonterías de las que nos preocupamos los mortales. Hitler entraba en éxtasis escuchando a Herbert von Karajan y la Filarmónica de Berlín interpretar a Beethoven. ¿Devalúa esto a Beethoven? ¿O a Karajan? La música es incapaz de crear diferencias. De eso ya se preocupa la gente, como aquellos que intentan catalogarla o pierden el tiempo discutiendo sobre el género al que pertenece una obra, cual si intentaran poner puertas al campo. La música es El Lenguaje Universal, y todo puede expresarse a través de ella.
La música ha acompañado al hombre desde el principio de los tiempos. A lo largo de los siglos los músicos y compositores han creado sus obras, unos creando un nuevo estilo, otros mejorándolo a partir de lo que inició el maestro, otros simplemente copiándolo. La música ha tenido sus pioneros, sus revolucionarios y sus mercenarios, como en cualquier aspecto de la historia de la humanidad. Pero siempre, a lo largo de la historia, ha habido música que ha llenado el alma de la gente que ha estado preparada para escucharla, desde los hombres de las cavernas a los quinceañeros con iPods. Lo que está claro es que nunca hemos vivido en una época tan infestada de estímulos para nuestros sentidos como en la actualidad. Tenemos toda la información a nuestro alcance, todas las obras de todos los artistas del mundo a un click de distancia, y el 95% de la gente oye el 5% de la música. Sólo un 1% escucha, y el 4% restante son sordos.
Pero estoy divagando. Intentaba hacer una pequeña introducción al disco que nos ocupa, lo cual me parece justo, pues una escucha ligera podría darnos la impresión de que estamos ante un pretencioso disco de hard rock, creado por gente que se toma a sí misma demasiado en serio. Demasiado lento en ocasiones para satisfacer a aquellos que buscan caña, y demasiado cañero en ocasiones para satisfacer a aquellos que sólo disfruten de la música lenta y pausada. Pero creo que quedarnos en la superficie con un disco como éste sería no ya una injusticia, sino un crimen.
Lateralus es uno de esos discos que nos recuerdan lo afortunados que somos por estar dotados de inteligencia y por poder disfrutar del milagro de la música. Y Tool es una banda de culto para muchas de las personas que saben apreciar la diferencia entre música para entretener a la masa y los verdaderos artistas cuya inspiración es capaz de producir obras de arte. La música de este disco es bella, dulce, agresiva, rápida en ocasiones, lenta en otras y complicada para el oído inexperto. Capas y capas de sonidos, ritmos extraños e inesperados… cada escucha sucesiva te hace darte cuenta de detalles que no habías percibido antes, pues según nos vamos acostumbrando a lo que oímos percibimos nuevos sonidos o melodías que nuestra propia mente estaba ocultando al principio. Y cuando eso pasa, la capacidad que tiene este disco para hacernos disfrutar es increíble. Lateralus es un disco atemporal, que me apetecía oír cuando lo descubrí hace algunos años y que sin duda me apetecerá oír otros muchos, porque eso es lo que diferencia la música que realmente merece la pena (la que puede considerarse arte) del resto.
¿Es Tool una banda de rock o metal? ¿Es este disco un diso de rock, hard rock, heavy metal? A veces el cantante grita, y utilizan demasiados efectos y sintonizadores para que puedan considerarse de un género definido… ¿Qué importa todo eso? Como ya dije antes, la música es demasiado valiosa para preocuparse de las etiquetas. Lo único que debe importar es que esta música es honesta, creada por uno de los mejores grupos musicales que han existido, y que casi todo el que la ha oído coincide en que es una obra de arte moderna. Y nadie más suena como Tool. Danny Carey es un genio y uno de los baterías más originales e influyentes del mundo ahora mismo. Maynard James Keenan es otro genio, y tiene una capacidad de transmitir emociones, con esa voz suya tan particular, que muchos otros con voces técnicamente mejores o más bonitas nunca podrán conseguir. Y además es un excelente letrista, inteligente y provocador. El guitarrista (Adam Jones) y el bajista (Justin Chancellor) son perfectos para el grupo, pues aunque no hacen gala de una extremada capacidad técnica son capaces de crear canciones que fluyen de manera perfecta, llenas de melodías y ritmos extraños pero interesantes y cautivadores. Una de las cosas que más me gustan de Tool, además de todo lo dicho, es su capacidad para crear tensión musical, mediante la repetición de temas a los que van incorporando nuevos matices, en una progresión musical que crea una expectación insoportable que culmina con auténticas explosiones musicales semejantes a orgasmos. Ejemplos de esto se pueden encontrar a lo largo del disco, como en The Grudge (6:59 y 8:00), The Patient (2:21 y 6:13), Schism (5:24), el inicio de Parabola, Ticks & Leeches (5:56), Lateralus (6:41) y Triad (2:54 y 5:22).
Si no tienes 79 minutos para relajarte, vaciar tu mente y disfrutar de un poco de música, no escuches este disco. Si no tienes paciencia y no concibes canciones de 7, 8 u 11 minutos no escuches este disco. Si no tienes un buen equipo de música y no tienes ganas de gastarte 400€, te recomiendo que te compres un buen par de auriculares que hagan justicia a la gloriosa producción de este disco. No te preocupes, pues como ya mencioné anteriormente 35 euros son suficientes. Si decides hacerlo, espero que lo disfrutes tanto como yo, pero recuerda: si a la primera no lo entiendes, no te dice nada o no crees que sea para tí, quizás debería darle una segunda oportunidad en algún momento, sobre todo si hay alguna parte que te haya gustado, llamado la atención o te haya intrigado. Ese puede ser un buen lugar para empezar a descubrir todo lo que esconde este disco. Yo tardé un par de años en entender a Tool, y ahora son uno de mis grupos favoritos.
Bueno, creo que me he explayado más de la cuenta. Pero este no es cualquier disco, y si todo lo dicho sirve para que al menos una persona descubra a este grupo y aprecie su música, habrá merecido la pena. Os dejo con el vídeo musical de Parabol y Parabola, extraño como todo lo que hace este grupo, y cargado de simbolismo:
Formación:
- Danny Carey (batería)
- Justin Chancellor (bajo)
- Adam Jones (guitarra)
- Maynard James Keenan (voces)
Canción preferida: The Patient.
2 comentariosMoscú, Vladimir, Suzdal y Sergiev Posad (Sep ‘08)
Mi última (por el momento) visita a tierras rusas tuvo lugar mes y medio después de mis vacaciones de verano. Fue una gran oportunidad para mí, pues tenía avión y alojamiento pagado para 3 días por un asunto de negocios, y además podía retrasar mi vuelta para estar con Olga. Y esto lo aprovechamos para visitar la Rusia clásica, los pueblos antiguos y la vida en el campo, así como zonas de Moscú que no había visitado todavía y un lugar de la infancia que Olga quería volver a visitar conmigo.
Mi avión despegó de Barajas a las 23:55. Cuando llegué a Moscú a las 6 de la mañana, un guía me acompañó a mi hotel, donde aproveché para dormir un par de horas y darme una ducha. Durante 3 días tendría que asistir a una serie de aburridas conferencias y otros actos de protocolo que no voy a mencionar aquí, pero todo mereció la pena por lo que vendría después :) Por la tarde del primer día quedé con Olga, un bonito reencuentro. Paseamos por los alrededores y después nos fuimos a comer, momento que ella aprovechó para hacerme mi primer regalo: una tarjeta de prepago rusa para el móvil. Me vendría muy bien para los primeros días :) Visitamos una especie de mercado medieval con muchos productos de artesanía en madera y cerámica, y allí compré gran parte de los regalos que traje de vuelta a España. Ella se marchó a estudiar cuando terminamos y yo volví a mi habitación. Esa noche aproveché para hacer fotos de la privilegiada vista de Moscú que se contemplaba desde la planta 28 del hotel, y pude comprobar que la televisión rusa es básicamente la misma basura que la nuestra pero en otro idioma. También grabé un vídeo, que podéis ver aquí:
El día siguiente fue bastante anodino y Olga vino a acompañarme en la cena, donde le hice entrega de unos regalos y en especial de un álbum de fotos de nuestro viaje anterior, que le gustó mucho y le hizo mucha ilusión :) Al día siguiente acudí a un centro de deportes para que me dieran un masaje en la espalda, que no tenía muy bien desde que salí de Madrid. Un hombre de la organización me acompañó a un Spa que había cerca de mi hotel, y allí recibí la sesión de masaje más salvaje de mi vida. Fue prácticamente una violación. Aquella mujer rusa de mediana edad sabía lo que se hacía, pero me hizo un daño increíble. Y yo sin poder decir ni hacer nada. Me pedía que me bajara los pantalones, a lo cual yo accedía tímidamente, pero no se quedó satisfecha hasta que dejé todo mi culo al aire y los pantalones a la altura de las rodillas. Sufrí sus embites por todas partes: las nalgas, la espalda, el cuello, la cabeza, los brazos… ¡incluso en las manos! La mujer lo hacía todo con tanta fuerza que temía que de un momento a otro se pusiera directamente a golpearme. Y yo allí tumbado, en un país lejano cuyo idioma apenas conozco, recibiendo la paliza de mi vida, no pude evitar empezar a reírme, en parte por lo ridículo de la situación y en parte por la tremenda paliza que estaba recibiendo. Si la masajista se percató de mis risas no hizo nada que lo demostrara. Cuando por fin acabó se puso a darme unas instrucciones de estiramientos en Ruso. Asentí con la cabeza sin entender nada de lo que decía, pagué y me largué a ver a Olga. Media hora de metro más tarde nos encontramos y me llevó a cenar blines (¡por fin!) y después a un concierto de música tradicional rusa que dabam en un centro cultural, a cargo de un ensemble de músicos rusos mundialmente famosos por su virtuosismo con los instrumentos tradicionales. Lo curioso fue comprobar que allí no había ni 10 miserables personas, pero el concierto fue una pasada y me gustó muchísimo. Tocaban canciones tradicionales rusas y adaptaciones de música clásica para esos instrumentos, y en la hora que duró el concierto no pude oír ni un error por parte de los instrumentistas. Pero el grupo no parecía muy contento con la poca afluencia de público, y no es de extrañar (se supone que cuando viajan al extranjero la gente se mata por adquirir sus entradas). Cuando todo acabó una señora muy emocionada le preguntó al cabecilla del grupo cuándo pensaban volver a tocar allí, y el hombre le respondió: ¡espero que nunca! Después nos fuimos a tomar un té y una fondié de chocolate con frutas (no comemos mucho pero intentamos cuidarnos bien ;) ) y cuando se hizo tarde yo me fui a mi hotel y Olga a casa. El último día transcurrió normalmente, y cuando acabé con todos mis asuntos de negocios abandoné el hotel y me dirigí a casa de Olga para cenar. Fue un reencuentro entrañable con Tatyana, Lena y Alejandro, y tras una cena que me supo a gloria y un intercambio de regalos nos fuimos a dormir, en casa por fin :)
A la mañana siguiente madrugamos mucho para coger el autobús que nos llevaría a la segunda parte de nuestro viaje: la rusia tradicional. Esta visita la íbamos a haber realizado Olga y yo por nuestra cuenta, pero al final decidimos compartirlo con nuestros amigos Sasha y Viktor, que aceptaron encantados. La primera parada fue Vladimir, una ciudad de 300,000 habitantes que se encuentra a 200 Km de Moscú, y que tiene 2 catedrales que son Patrimonio de la Humanidad. Tras un rápido paseo por la ciudad tomamos un autobús que nos llevaría hasta la Iglesia del Manto de la Virgen del Nerl, una preciosa construcción del s. XII que se considera una obra maestra de la arquitectura de esa época. Viktor me comentó que la Iglesia representa las cualidades de la mujer rusa, porque es sencilla, fuerte y bella sin ser recargada. Esta Iglesia se encuentra a la orilla del río Nerl, y cuando llega el invierno y la nieve se forma una bellísima y famosa estampa que podéis ver aquí. Alrededor de la iglesia no hay más que una extensa explanada de hierba, lo cual hace que la iglesia sea el único edificio y que destaque mucho más, y lo cierto es que es una vista maravillosa. Durante esta breve visita nos acompañó un chico muy amable de Vladimir que sabía mucho de su arte y su historia, y que no tuvo problema en servirnos de guía hasta que llegó la hora de tomar su tren. Antes de despedirnos nuestras chicas vieron una gran bala de paja en el camino, y aprovechamos para jugar un rato y hacer fotos. Después intentamos no ser devorados por las vacas mientras nos dirigíamos a nuestro autobús para volver a la ciudad. Tras una cerveza para recuperar fuerzas nos dirigimos de vuelta a Vladimir, donde visitamos la Catedral de la Asunción, una impresionante construcción Ortodoxa llena de fieles. También vimos la Catedral de San Demetrio, la cual Viktor me dijo que representaba al hombre ruso: intelectual y fuerte. Despues de tomar unas cuantas fotos más, hacer unas compras y hacer un poco el tonto tomamos un autobús que nos llevaría a la segunda parte de nuestro viaje: Suzdal. Allí teníamos alquilada una casita rural con 2 dormitorios y 2 plantas. Cuando llegamos era de noche y estábamos cansados, pero nuestro casero nos estaba esperando con su coche y amablemente nos acercó a un supermercado para que compráramos algo de cena y comida para el día siguiente. Cuando terminamos nos llevó hasta la impresionante casa, donde la mujer nos dio una inmensa lista de cosas que no podíamos hacer (entre ellas no aplastar moscas contra las paredes para no mancharlas). La casa era un encanto: todas las paredes estaban cubiertas de madera natural no barnizada, teníamos una especie de minibar con una barra y vasos colgando, microondas, un calentador de agua para hacer té, una televisión TFT y un sofá muy cómodo en el salón, un gran jardín con barbacoa y un baño típico ruso parecido a una sauna (ya os hablaré de esto más adelante). Tras cenar las chicas se fueron a dormir y yo me quedé charlando un rato con Viktor, que es escritor y ya tiene una novela publicada por la que obtuvo un premio al mejor escritor joven de Rusia, que trató desde la política a las artes, en particular música y literatura. Allí estaba yo, a 3,500 Km de mi casa hablando agradablemente en inglés con un escritor ruso sobre música, filosofía, la vida y el estado del mundo. Cuando acabamos nos despedimos y nos fuimos a recargar las pilas para el día siguiente.
Ya descansados, y tras desayunar con la música muy fuerte (yo llevaba mi MP3 y unos altavoces y Alejandra y Viktor también, así que pudimos comprobar nuestros gustos musicales), nos dispusimos a recorrer Suzdal. Lo primero que hicimos fue dirigir nuestros culitos hacia el Monasterio del Salvador y San Eufimio, un complejo rodeado por un muro alto con 12 torres y que contiene, junto a otros edificios, la Catedral de la Transfiguración del Salvador, templo en cuyo interior pudimos contemplar a un coro de hombres cantando lo que debían ser canciones sacras de su fe. Hay otros muchos edificios que hoy componen un museo, donde pueden verse cosas tan interesantes como pinturas ingenuas, una colección de estatuas surrealistas de un conocido artista y una gran colección de textos, de los que recuerdo la primera gramática rusa y el libro más grande de Rusia (y de verdad era gigantesco). También había una torre con muchas campanas, y cada hora tocaba una melodía muy larga y que molaba un montón (debería haberlo grabado…). Por desgracia no hay fotos del interior porque me querían cobrar por sacar la cámara, pero podéis ver una foto del complejo aquí. Cuando lo vimos todo nos fuimos al centro de Suzdal, pero antes paramos para comprar una botella de medovuja, una bebida dulce que sabe como cerveza mezclada con miel, con un 4.5% de alcohol, que estaba muy rica y que se me subió rapidísimo :) Caminando por las agradables calles de Suzdal encontramos cosas como casas en ruinas, casas no tan ruinosas, gente simpática conduciendo carros, andamios y girasoles. Poco después llegamos al Kremlin de Suzdal (kremlin significa ciudadela), donde había un mercadillo con productos típicos y paramos a comprar más regalos antes de ir a comer. Poco después empezó a anochecer, y decidimos volver a casa dando otro paseo. Antes paramos a comprar carne para la cena (en la casa teníamos una parrilla) y algo de vodka. Vimos que los efectos del otoño empezaban a hacerse patentes en algunos árboles, y un hermoso anochecer nos acompañó por una larga calle plagada de mosquitos. Al llegar a casa nos preparamos para una noche de comida, bebida y sauna. Yo tenía un dolor de cabeza considerable, pero no me quise quedar sin probar la experiencia de la sauna rusa. Básicamente consiste en introducirse desnudo o con una túnica en una habitación cerrada donde hay unas piedras al rojo vivo - a las que se hecha unos líquidos aromáticos que se evaporan de inmediato, por eso la llaman sauna húmeda - y donde la temperatura superaba los 100º centígrados. Sí, habéis leído bien: cien grados. Lógicamente uno no podía pasarse mucho tiempo en esa locura de circunstancias, así que, como bien me explicó mi anfitriona, a los 5-10 minutos había que salirse a la calle, que en este caso se debía encontrar a unos 5 o 10 grados. Así que imagináos la sensación de pasar de estar a 100º y sudando por cada por de tu piel a salir a la calle con una temperatura de guantes y bufanda. Era impresionante comprobar como todo mi cuerpo despedía vapor, y como estaba tan caliente que no sentía ningún tipo de frío durante un rato. El plan de mis anfitriones era el siguiente: entrar a la sauna (que ellos llaman bania), salir de la sauna, meterse un trallazo de vodka y algo de comida (pepinollos, sardinas, pan) entre pecho y espalda, volverse a la bania cuando empezara a notarse el frío y vuelta a empezar. Yo empecé a sentirme mal a partir de la segunda vez, no sabía muy bien si por el vodka, la cabeza que me iba a estallar o los efectos del calor (probablemente por la mezcla de los 3 factores), pero aguanté hasta una tercera vez y decidí rendirme. Viktor me explicó que si iba a salir tendría que ducharme, y que él me recomendaba hacerlo con un jarro de agua fría (no del tiempo, fría) para realizar la experiencia completa. Así que me dejaron solo con un barreño, un contenedor de agua fría y una pastilla de jabón, y me di la ducha más impresionante de mi vida. Sales de una habitación a 100º, te quitas la sábana que te cubre, te echas agua helada por encima, te enjabonas un poco, rellenas el barreño de agua, riegas de nuevo tu cuerpo desnudo con agua helada, sales a una habitación normal a temperatura ambiente, te secas el cuerpo y te pones la ropa. Me sentía mareado y enfermo, pero lo conseguí :D Mientras, mis amigos rusos seguían bebiendo, cocinando pollo a la parrilla y entrando y saliendo de la bania como si fuera la cosa más normal del mundo, y yo decidí ir a por mi cámara para hacer unas fotos de la cena, confiando en que poco a poco se me pasaría el mareo. Pero no fue así, y poco después me fui a la cama. El resto no tardaron mucho en acompañarme.
A la mañana siguiente Sasha y Vitek se fueron a dar un paseo mientras Olga y yo remoloneábamos y desayunábamos bastante tarde. Era nuestra última mañana en la casa, y había que dejarlo todo como lo encontramos. Desayuné carne fría de la noche anterior (que a nadie gustó pero a mí me supo a gloria) y tras una ducha y recogerlo todo, abandonamos la casa. He de decir que no saqué ni una sola foto desde el interior de la casa (soy un capullo, lo sé), pero para los interesados podéis ver las fotos que hay en su página web aquí. Bien. pues nos dirigimos a un lugar con muy buenas vistas del campo que nuestros compañeros habían descubierto esa mañana. Allí vimos una manada de gansos, a los que hice montones de fotos, una iglesia abandonada y un puente que cruzaba el río. Viktor me enseñó un vehículo ruso 4×4 de la marca Vaz, que al parecer construía coches para el ejército. Tras un último vistazo a las grandes explanadas verdes de Suzdal nos hicimos una foto todos juntos. Después partimos de vuelta a Moscú, primero en autobús y después en tren. Nuestros amigos se despidieron de nosotros unas estaciones antes de llegar a la capital y una hora después (y tras coger el metro) llegamos a casa de Olga, cansados y satisfechos. Olga se fue a dormir pronto, pues a la mañana siguiente tenía que trabajar e ir a la Universidad, así que yo me quedé acompañando a Alejandro, que estaba muy contento porque había estado de juerga con unos amigos a los que hacía mucho tiempo que no veía. Así que, mientras Lena dormía en la otra habitación, nosotros nos pusimos a hablar de esto y aquello, de videojuegos y de música, y Alejandro me mostró algunos vídeos musicales que le gustaban mucho y yo le mostré mis preferidos, y después él me mostró una de las cosas más absolutamente turbadoras y rallantes que he visto nunca, el vídeo “Rubber Johnny” de Chris Cunningham y Aphex Twin:
Tras charlar un rato más y disfrutar de la camaradería de Alejandro tomando una cerveza y un té juntos, decidí irme a la cama, pues creo recordar que eran las 03:00.
La mañana siguiente la dediqué a remolonear por casa de Alejandro y Lena. Después de ducharme y desayunar me puse a recargar baterías, limpiar la cámara y grabar un DVD con las fotos de Vladimir y Suzdal para Sasha y Viktor, pues esa noche íbamos a cenar con ellos, Lena y Alejandro y otra pareja. Mientras yo copiaba las fotos y escuchaba el And Justice for All de Metallica y el Pretty Hate Machine de NIN a todo meter, Alejandro jugaba a StarCraft en red con sus amigos desde otra habitación. Tras comprobar que había ganado me fui a comer a casa de Tatyana, con la que hablé durante un buen rato mientras devoraba la comida. Olga me llamó un poco más tarde para explicarme el plan, y un par de horas más tarde nos reunimos Alejandro y yo con ella y su hermana cerca de un restaurante italiano llamado Contrabajo, donde íbamos a cenar junto a otros amigos. Fue esa noche cuando pude conocer por fin a otra de las amigas de toda la vida de Olga, llamada Ksenia. Me había hablado mucho de ella y a ella de mí, pero en mi anterior visita a Moscú fue imposible que nos conociéramos. Ksenia es la novia de Kiril, el chico que acompañaba a Alejandro en el concierto que Metallica dio en San Petersburgo en mi anterior viaje. También estuvieron presentes Sasha y Viktor, que me sorprendieron con un CD con música rusa (punk rock e indie) que siempre llevo en el coche, una caja de bombones (cojonudos) y, lo que me hizo más ilusión, un ejemplar firmado y dedicado de la primera novela de Viktor, en la que relata de manera autobiográfica la vida cotidiana y los problemas de los diabéticos. Aquello me emocionó sinceramente, y muy agradecido abracé y besé a mis amigos, a los que entregué mi DVD de fotos. Después llegó Ksenia, con la que hablé durante toda la noche en español (había estudiado un poco hacía un tiempo) e inglés, y finalmente llegó Kiril. Recuerdo que comí muchísimo esa noche: un extraño plato llamado “gazpacho” con muchísimo tomate pero que estaba buenísimo, carne, marisco y medio litro de cerveza. Poco después de cenar Viktor y Sasha tuvieron que irse, y tras despedirme efusivamente de ellos y agradecerles los 2 días tan fantásticos que habíamos compartido, nos prometimos volver a vernos pronto. Después seguí hablando con Ksenia, y como la mesa era giratoria aproveché para grabar un vídeo, que podéis ver aquí:
Tras tomar un té nos marchamos de allí y después cada uno se fue por su camino en el metro. Nos despedimos de Ksenia y Kiril y volvimos a casa. Allí tomamos otro té mientras Lena nos enseñaba las fotos de un viaje de trabajo que hizo a Canadá. Vimos un rato la telebasura y nos acostamos.
Al día siguiente Olga no tenía que trabajar, pero sí que estudiar, así que la ayudé con sus deberes de español durante el desayuno y de camino a Sergiev Posad. Olga no había tenido mucho tiempo para preparar esta visita, pero había imprimido un documento con la historia del pueblo para que lo leyera, y así lo hice. Parece ser que Bartolomé, hijo de una familia de nobles, era un hombre piadoso y devoto que dedicó su vida a Dios. Su gran fe y santidad hizo que otros monjes y peregrinos se acercaran a él, y terminó siendo uno de los hombres más santos de Rusia y el monasterio se fue construyendo a su alrededor, Nuestro destino era la Laura de la Santísima Trinidad y San Sergio, un pequeño monasterio amurallado que se considera le Meca de la Iglesia Ortodoxa Rusa y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Olga no había vuelto allí desde que era pequeñita, y como tenía muchas ganas de volver (es uno de los lugares favoritos de su infancia) aprovechó mi visita para no ir sola :) El sitio era una preciosidad, aunque a Olga le decepcionó un poco. “Las cúpulas parecían mucho más grandes cuando era pequeña. Todo parecía mucho más grande”, me dijo. Y lo entendí a la perfección, pues esa misma sensación la he vivido yo también (y creo que todos): cuando queremos tanto a una cosa de nuestra infancia la idealizamos, y cuando volvemos a encontrarla y la observamos con nuestros ojos adultos nunca se nos aparece como la primera vez. Ojalá pudiéramos ver siempre el mundo como los niños :) Vimos una fuente muy curiosa, en la que la gente llenaba unas garrafas de agua. La curiosidad es que el agua era gratis, pero las garrafas no :) También comprobamos que el otoño estaba llegando a Sergiev Posad, y aunque el amarillo y el rojo todavía no dominaban al verde creo que faltaba muy poco tiempo. Entramos en la Iglesia principal, donde no me dejaron hacer fotos, pero aún así hice dos. Todas las mujeres deben ir con el pelo cubierto y faldas en los templos ortodoxos, y dado que nuestra amiga no iba con falda se empeñó al menos en cubrirse la cabeza para que no la miraran muy mal :) La ayudé un poco y cuando el resultado nos satisfizo a ambos le hice muchas fotos :) Después de comer mi niñitka tenía muchas ganas de ir a un bosque y jugar entre las hojas amarillas para dar la bienvenida al otoño. Preguntamos y preguntamos pero lo más que pudimos encontrar fue un triste y sucio lago. Había un bosque a unas horas en tren, pero Olga dijo que no merecía la pena. Un poco defraudados decidimos volver a Moscú, y a los 10 minutos de camino en el autobús y mientras Olga dormía, vi un precioso prado lleno de paja y balas de paja, que con la ruz anaranjada del atardecer y rodeado de bosques ofrecía una vista maravillosa. Desperté a Olga, y justo en ese momento el autobús realizaba una parada para recoger a un viajero. Tardamos 2 segundos en decidirnos, y 5 más tarde Olga ya corría como una niña pequeña hacia el campo. No era un bosque, pero era lo suficientemente amarillo para ambos :) Allí vivimos uno de los momentos más bonitos y especiales del viaje mientras nos hacíamos cientos de fotos, siempre alerta por si algún campesino armado nos regañaba por jugar en sus pastos. Y el caso es que vimos a uno, pero no sabemos si él no nos vió a nosotros o decidió que no le molestábamos, pero desapareció al poco tiempo para nuestro alivio. Cuando nos cansamos de hacer el tonto tomamos otro autobús, que tardó una eternidad en volver a pasar, y después de hacer unas cuantas fotos a un monumento al programa espacial ruso llegamos a casa justo a tiempo para la cena. Para esa cena, en la que por fin estábamos todos juntos (Lena, Alejandro, Tatyana, Olga y yo) había traído embutidos ibéricos, queso y vino españoles, pero por un fallo de comunicación tanto Tatyana como Sasha prepararon comida, así que aquello se convirtió en una inolvidable orgía culinaria que acabó, como no puede ser de otra manera, con unos cuantos vasos de vodka en casa de Lena. Después de despedirme de Alejandro, que al día siguiente trabajaba, y temiendo por mi estómago me fui a la cama, un poco triste porque el siguiente era mi último día en Moscú.
A la mañana siguiente todavía me sentía lleno de la noche anterior, así que no desayuné mucho. Me invadía una amarga sensación, pues era el último día y no sabía cuándo iba a volver. Me debatía entre la pena y las ganas de sonreír y pasarlo lo mejor posible y aprovechar al máximo mis últimas horas junto a Olga. La noche anterior la pedí que madrugáramos para aprovechar bien la mañana, pues mi avión salía a las 7 de la tarde. Así que después de otro gran desayuno de Tatyana y tras despedirme de Lena, que se iba al trabajo, nos fuimos a pasear a un bonito parque, llamado Kolomenskoe, surcado por el río Moscú y desde el que se podía observar Marino, el barrio de Olga y su familia. Destacaba mucho la Iglesia de la Ascensión y un arbolito con unas preciosas hojas amarillas al que hicimos muchas fotos. Lo pasamos muy bien, pero los dos teníamos la misma sensación: el viaje había sido demasiado corto. Pero la vida es así y las responsabilidades nos llaman. Comimos unos blines de setas y caviar con una botella de kvas con un bonito gato de testigo y volvimos a su casa a por mis maletas. Ya en su casa, Olga me hizo un último regalo: un peluche de una cabra macho, al que decidimos llamar “Pompis”. Aquello me emocionó un poco, y cuando me calmé recogí mis maletas y me despedí de su madre, Tatyana, por segunda vez en 2 meses. No quería que aquello pasase, pero tenía muchas cosas por las que alegrarme y decidí sonreír. Pero Moscú todavía nos deparaba una última sorpresa. Teníamos que coger el un autobús que nos llevaría a una estación de trenes, desde donde iríamos al aeropuerto. Pero cuando llegamos a la estación nuestro tren se había escapado por apenas 5 minutos. Preocupados, nos informamos sobre los siguientes trenes, pero el siguiente llegaría apenas 10 minutos antes de que saliera mi avión. Decidimos salir a la calle y tomar un taxi, y tras discutir el precio con el conductor (unos 40€) fuimos a sacar dinero a un cajero y nos lanzamos al tráfico de moscú en plena hora punta, sin ninguna certeza de que fuéramos a llegar a tiempo. Por segunda vez en mi viaje fui testigo de la locura casi suicida que supone conducir en Moscú, y saqué mi cámara para grabar un vídeo de ese momento, que podéis ver aquí:
Por suerte llegamos a tiempo para que yo tomara mi avión. Como ya había pesado mi maleta estaba seguro de que no tendría que pagar nada, así que sin ninguna prisa pero con apenas 25 minutos de margen nos dirigimos a la zona de embarque, donde hice acopio de todas mis fuerzas para no llorar, y me despedí como buenamente pude de mi Olechka. Cuando pasé la aduana y comprobaron que tenía todo en regla para subir al avión avisé a Olga para que se fuera tranquila a casa, y prometí llamarla cuando llegara a España. Avisé también a mi madre y subí al avión.
Cinco horas más tarde aterrizaba en Barajas, donde mi madre, enferma y con pocas fuerzas, me estaba esperando. Una santa mujer :) Mientras sacaban mi maleta llamé a Olga para decirle que todo estaba bien y que se fuera a dormir. Una hora después ya estaba en mi casa, en mi cama, pero esa noche no fue nada fácil conciliar el sueño.
Un cariñoso abrazo desde aquí a mi familia rusa. Gracias por hacerme sentir como uno más de vosotros. Os echo de menos.
ЧМОК :)
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